Conociendo Chiloe DIA 2




El viaje a lo desconocido.

Nuestra meta este día era ir hasta Queilén (que se veía muy lindo en las fotos) y volver después a Chonchi y quedarnos ahí a pasar la noche. Por supuesto que había un par de terrenos en el camino que nos interesaba conocer o por lo menos reconocer.


Ese día empezó súper temprano (para variar en nuestros viajes), creo que el despertador sonó a las 8:30, ducha y a tomar desayuno. Bien pobre el desayuno y cómo extrañé mi café de grano en la mañana... Si alguien me pregunta sobre la Hostería de Castro no podría mentirles, tendría que decirles que aunque tienen una parte nueva, remodelada y con piezas más grandes (y muuuuucho más caras por cierto), salvo la piscina temperada, el lugar es deprimente, me recuerda esos hoteles de balneario pobre, que tratan de aparentar sofisticación, para la próxima prefiero buscar un buen hostel.

En fin, terminado el desayuno, lavarse los dientes, guardar las cosas en el bolso, pagar y partir, vamos aún más hacia el sur, hacia Queilén, no sabemos que hay allá, en el trayecto nos metemos por caminos de tierra para ir a ver terrenos y conocer más el lugar, campos con vacas, ovejas y cerdos, todo enmarcado en el verde brillante de la vegetación del lugar. Nos metimos hacia Teupa, ahí encontramos lindos miradores arruinado completamente por las jaulas de los cultivos, era una lástima porque el lugar en general estaba súper lindo y había un par de sitios en venta que encontramos por internet.


Deshicimos nuestro camino para retomar la carretera hacia Queilén, ahí hicimos lo imposible para llegar al lago Tarahuín.. que difícil, definitivamente falta señalización, claro que el llegar nos dimos cuenta que no era necesario, el camino que nos indicaron daba a una oficina de cultivos en el lago, miramos, todo lindo, todo verde, se nota que el hombre no lo ha tocado mucho (salvo el agua, que estaba llena de jaulas en esa parte), encontramos también la entrada al Parque Tarahuín, que de parque nada, porque es un condominio cerrado que da al lago, no había nadie en la entrada y no pudimos pasar a mirar...buuuu. Lo que sí vimos fue una linda laguna, que se ve desde la carretera (camino de acceso desconocido), ahí se nota que no hay nada, también hay un terreno a la venta... nos parece muuuy interesante el lugar, no sé, a lo mejor, habrá que ver.


Después de mirar un buen rato como un par de w... la laguna, nos subimos al auto y seguimos el camino, después de varios minutos llegamos definitivamente a Queilén, ¡Que lugar tan bonito! Y tan desaprovechado, es como un pequeño caserío, pero grande, con hartas casas y hartos minisuper, tantos que te hace pensar como sobrevivirán, si no hay tanta gente. Tomamos el camino que pasa por la plaza y seguimos por la calle de los minisuper hasta llegar al muelle, dejamos el auto estacionado y vamos a dar una vuelta, para variar no vemos mucha gente, escuchamos música y vamos a mirar si hay un grupo tocando, desilusión, es un CD. Ahí estaban también nuestros amigos de las bicis (los que habían invadido el bar de la hostería), bueno, en realidad estaban sus bicis, de los tipos ni señales. Damos una vuelta, la playa es extensa, grande, limpia y de aguas cristalinas, no hay casa del lado del mar por lo que el paseo peatonal es genial. Vimos el muelle, tomamos las respectivas fotos, visitamos los dos puestos de artesanías que estaban abiertos y nos dio hambre.... vimos que en una de las casa que daban a la costanera había un letrero de restorán, pero ante la duda y el desconocimiento preferimos que algún ciudadano local nos orientara. “.. MM...a ver... ese de ahí no se los recomiendo, no es de bien, ahí van los pescadores...” no decía una señora en el puesto de artesanía “... en la plaza está el hotel plaza, ahí tienen un restorán, es bien limpio...” Hacía hambre, así que fuimos a la plaza a buscar el “recomendado” hotel.

Se nota que la plaza es como nueva, vimos la iglesia (linda como todas) y frente a ella, cruzando al plaza notamos una construcción grande y bonita –ese debe ser el hotel- y fuimos a mirar, al acercarnos vimos que no era el hotel, sino la casa de alguien (no se para el resto del país, pero para la gente de la zona central es raro encontrar una casa frente a la plaza). Al lado de la deslumbrante casa estaba el “hotel”, que de hotel nada, era una construcción vieja, descolorida y que crujía por todas partes, pero se veía limpio, preguntamos que había de almuerzo (no se les ocurra pensar que hay una carta..jajajaja), no sonaba mal así que pedimos y almorzamos ahí. Comimos, pagamos y dimos las gracias, al salir caminamos un poco para bajar el almuerzo, vimos más playas limpias y aguas cristalinas, del lado este se alcanza a ver perfectamente la cordillera y un volcán, que no se cuál es y no lo voy a inventar.


En fin, Queilén en un bonito lugar, aunque todavía no está desarrollado, no sabemos como será en verano, pero en invierno es par air a conocerlo, sobre todo si el día está bonito, ver el contraste del agua cristalina con los cerros verdes llenos de vegetación..ahaahhh!, pero ojo que si quieres comer allá mejor te llevas algo o bien, vas al restorán del barco que queda en el camino (creo que se llama luna algo, pero parece un barco que encalló arriba del cerro), antes de llegar y que obviamente no vimos.. buuu

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No habiendo nada más que ver, que nosotros supiéramos, nos fuimos a Chonchi, o sea, nos devolvimos por la misma carretera, esta vez sin meternos en caminos de tierra desconocidos, hasta que llegamos al hostal elegido, preguntando obviamente porque Chonchi no está en el mapa de nuestro GPS (bien inculto el aparato, porque Chonchi no fue fundado ayer). Que lindo es el Viejo Chalet, es una lástima que lo tengan tan descuidado. Esta propiedad siempre nos gustó, desde la primera vez que empezamos a mirar casas y terrenos en Chiloé y dimos con ella. El terreno es grande y da en un extremo con el muelle, además tiene orilla de playa y una de las pocas vistas sin jaulas que encontramos en nuestro viaje hasta ahora. Ahí conocimos a Teresa, la dueña, quién heredó la casa de su padre (quién a su vez la construyó en 1935). Teresa es un encanto, nos dio licor de oro para que lo probáramos.... mmmm... salud! lo fabrica ella misma.


En la tardecita dimos un paseo por el pueblo, me gustó la iglesia, el contraste del azul con el amarillo... la plaza era bien extraña, sin árboles, puro cemento, no había donde sentarse, en fin rara (después supimos del show que había sido el diseño de esta nueva plaza que a nadie la había gustado y encontramos fotos de la antigua... lejos más bonita), dimos un par de vueltas, compramos chocolates y cerveza, nos tomamos algo en unos locales que quedan sobre le mercado de artesanías (que estaba cerrado) y volvimos al hostal.

Nos tomamos nuestras cervezas frente a la chimenea, conversamos un rato con Teresa, quién nos contó que estaba vendiendo el terreno, que estaba aburrida y que se quería ir a vivir a Santiago, al final logramos sacarle el precio: 2 mil millones de pesos por las 13 hectáreas, mas la casa y las cabañas a puertas cerradas...ufff..... como mucho no?.


Dormimos como reyes y eso que las camas no eran nada de modernas. Nos gustó el hostal, pero coincidimos en que no era lo que buscábamos, además había que meterle harta plata para remodelarlo, porque varias instalaciones tenían sus buenos años, por ejemplo no pude cargar mi computador porque los tomacorriente no tenían toma de tierra (eran para enchufes de dos patas).. en fin, era lindo, era viejo y no era para lo nuestro.


Balance del día: Queilén tiene mucho potencial, deberían aprovecharlo, el terrenito en la laguna cerca del lago Tarahuín nos gustó, hay que analizarlo más. Chonchi es pintoresco, pero chico, hay que ir en verano a ver que onda. No compraremos, aunque tengamos la plata el antiguo chalet.

Conociendo Chiloe DIA 1

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Este fue el dia de la expectación.

Salimos del depto en Santiago como a las 5:30 de la mañana un jueves feriado, para variar el taxi llegó antes de que estuviésemos listos, pero no fue tanto el atraso, lo terrible fue que perdí el gorrito que me regaló en Flaco entre tanto apuro (se me quedó en el taxi).


Bueno, llegamos al aeropuerto, registramos las maletas y a la espera.... nos mandaron a una puerta y después, cuando estábamos todos instalados y se acercaba la hora del embarque nos cambiaron a otra, en el extremo opuesto del aeropuerto, ahí seguir esperando, porque el avión estaba atrasado. Al fin comenzó el embarque, nos llevaron en bus por la pista hasta el avión, subimos, nos instalamos y partimos...


Dos horas después estábamos bajándonos del avión en el aeropuerto de Puerto Montt, recogimos nuestras maletas ¡gracias a Dios que no las perdieron!, es lo único que me da miedo de viajar en avión. Ya afuera arrendamos un auto, metimos nuestras maletas y bolsos, prendimos el GPS y “sin señal”, claro, en el aeropuerto, con tanta antena, el GPS no encuentra nunca señal, no nos quedó otra nomás que preguntar por donde nos íbamos a Chiloé. Ya en la carretera hacia el transbordador el paisaje nos cautivó, las verdes colinas, las casas de madera con sus estufas... aaahhhh... que liiiindo.


Llegamos al lugar donde teníamos que tomar el transbordador y ahí uno se da cuenta que hay ciertas cosas, fundamentales, que no están preparadas para recibir al turista solitario, ese que no anda en tour y que se las va arreglando solo por el camino, porque en cuanto llegamos, nos miramos con el Flaco, yo creo que con las mismas preguntas en mente. ¿Dónde nos paramos para esperar el transbordador? ¿cuánto cuesta? ¿dónde se paga? Y otras cosas por el estilo. Obviamente quedamos mal instalados y tuvimos que retroceder en una pendiente, pero todo bien, echamos de menos eso sí algún tipo de señalización o al menos un cartel con los precios, así como los que están en la carretera antes de los peajes. En fin, igual habíamos visto en la página que eran 9 lukitas por auto y no se equivocaron .


Que rico el viaje en transbordador, aunque el frío de la mañana sumado al viento te hacía volver de vez en cuando al auto. En media hora ya estábamos desembarcando. Bajamos el auto, prendimos el GPS (ya tenía señal) y marcamos “Mercado de Ancud” y a ver artesanías se dijo!


Era temprano y era día feriado, no andaba un alma, ni en las calles ni en ninguna parte, solo unos cuantos carabineros en algunas esquinas, que nos hizo pensar que habría algún tipo de desfile, le preguntamos al tipo de un local donde pasamos a tomarnos un café y se limitó a encogerse de hombros, no tenía ni la menor idea de lo que pasaba en su ciudad.


Ya el camino de Achao a Ancud es lindo, los verdes lomajes, las casitas dispersas en los campos, ya al ir entrando a Ancud empiezas a ver las típicas construcciones de tejuelas, tal com oen Santiago ves un edificio al lado del otro, aquí todos los caseríos son con casitas de tejuelas o alguna construcción similar. Que lindo! Para nosotros fue súper emocionante y pensábamos con qué otras cosas nos podíamos encontrar, tanto que más de una vez tuve que recordarle al Flaco (conductor designado del día) que se fijara en el camino antes que nos matáramos...jajaja


El mercado de Ancud es bonito, más bien, las cosas que ahí venden son preciosas, yo me compré un gorrito de lana en tonos grises y rosados, para compensar la perdida del otro (ese rosado con blanco, forrado en polar tan lindo que me compró el Flaco y que tan tontamente dejé en el taxi).


Después de dar una vuelta por el mercado, de decidir que pasaríamos “a la vuelta” a comprar souvenirs y como todavía era temprano para almorzar, nos pusimos en marcha hacia Dalcahue....


¿Y qué hay en Dalcahue? La verdad no teníamos ni idea, se supone que el Flaco había estado en su época de mochilero... pero creo que las neuronas que guardaban los recuerdos de ese viaje murieron hace tiempo (jejeje). Y así fue que sin saber cómo, llegamos a Dalcahue y buscando un lugar para almorzar (ni idea de dónde e invierno y día feriado no había nadie para preguntar) dimos con las cocinerías... genial! Ahí tu eliges un puesto, te sientas en la barra (que no es de un bar, sino que es como una barra de cocina) y almuerzas súper rico por menos de 4 lukas por persona y comes comida casera, acompañada de pan amasado o sopaipillas... mmmm.... de solo recordarlo se me hace agua la boca. Lo único malo es el olor, que no es que sea malo, sólo que el lugar no tiene muy buena extracción de aire y el olor a fritanga como que se te queda pegado un buen rato (o días). Después del almuerzo, al lado de las cocinerías, está instalado el mercado de artesanías, preciosos tejidos, pero no compramos nada, estábamos recién empezando y faltaba mucho que ver todavía. Dimos una vuelta, vimos la iglesia por fuera, nos subimos al auto y partimos a Castro. Dalcahue es bonito, no recorrimos mucho, pero de seguro en el verano (o dia no feriado) anda mas gente y la cosa se pone más animada.


Ya es como media tarde cuando llegamos a Castro buscamos la hostería, vimos las habitaciones, pedimos el respectivo descuento (que nos dieron y con creces) y nos instalamos. Gracias a nuestra investigación previa sabíamos que este hotel tenía una piscina temperada y por supuesto llevamos nuestros trajes de baño (algo no común en un viaje al sur de Chile en pleno invierno) y disfrutamos un buen rato de la piscina, con vista a la bahía, un buen relax después de haber viajado casi todo el día.


De ahí partimos hacia la plaza, para ver la iglesia y visitar el centro de info turística, a ver qué averiguábamos, ya que todavía hay cosas que no están en internet. Ahí nos enteramos que el mercado de artesanías cerraba a las 7:30 (en invierno). Oh my god! Como corrimos (a buscar el auto) y de ahí al mercado, dimos una vuelta.. una vueltita para ser más exactos, muchos puestos ya estaban cerrando, que lástima, se veía interesante, será para otra ocasión, nuestro itinerario no nos dejaba tiempo al día siguiente, teníamos que seguir el recorrido.


En el mismo centro de info turística nos recomendaron un restaurante, nos dijeron que era como de comida típica, “muy bueno” (aunque cuando pregunté si era el mejor la chica me quedó mirando con cara de no entender, pensé que era un problema idiomático y no pregunté más), como estaba recomendado fuimos, al entrar solo había una pareja en una de las mesas (de unas 15 o 20), nos sentamos cerca de la chimenea y pedimos un par de chupes... ahí nomás los chupes, la atención tampoco muy buena, puede que sea por la temporada baja, pero te deja esa sensación de que si hay tan pocos clientes, debieras incentivarlos a que consuman más. Después llegaron unos extranjeros que se instalaron a unas mesas de nosotros, no sabemos si les gustó o no, nos fuimos antes.


Volvimos entonces a la hostería y nos tomamos unos tragos en el bar (siempre hay que probar los bares), ahí nos encontramos con que toda la tropa de ciclistas que vimos en la plaza se había tomado el lugar, nos acomodamos como pudimos, pedimos nuestros tragos, los tomamos y nos fuimos a dormir a nuestra mini-pieza (hab. Doble, cama matrimonial con 30 cm de separación de las paredes y shampoo ballerina...jajajaja).


Balance del día: excelente. Logramos llegar a la mitad de la isla, pasamos por 3 ciudades y aunque no las conocimos a fondo, con solo ver el paisaje de los lugares estábamos más que pagados.