"Cada vez que viajas, aunque sea a la esquina, tu mente se libera"
Mi mundo del vino
No soy enóloga, no he tomado cursos de cata y menos de sommelier, aún así el mundo del vino me apasiona, seguramente porque crecí al lado de una bodega y pasé mi infancia saltando de cuba en cuba respirando el olor de los mostos en fermentación.
Por eso y como la memoria es frágil, he decidido dejar una lista con mis vinos favoritos del momento, los que voy probando y me gustan, nada que ver con premios ni concursos, solo mi "humilde" opinión.
Seis años es toda una vida
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como un ...
Lo único mejor que viajar, es viajar en buena compañía y nada mejor que hacerlo con una buena amiga.
Así fue como con mi querida amiga Mara nos fuimos al sur por el fin de semana, nuestro primer destino: LOS SALTOS DEL PETROHUÉ. ¿Cómo llegar? super fácil, primero tienes que llegar a Puerto Varas, y seguir el camino que bordea el Lago Llanquihue(manteniendo el lago a la izquierda). Tuvimos al gran suerte de tener un hermoso día de sol, lo que hizo aún más bello el paisaje, pudiendo admirar el Volcán Osorno que nos miraba desde su nevada altura. En el camino pasas por Ensenada, pintoresco lugar aunque no nos detuvimos más que para sacarnos la respectiva foto con el cartel..jajaja... Después de vuelta al camino, giro a la derecha, después a la izquierda y llegas a lo que se supone es la entrada al Parque Nacional Vicente Perez Rosales, el más antiguo de Chile. En la entrada había una caseta de madera cerrada, supongo que en temporada alta (verano) debe funcionar como un centro de información del parque. Siguiendo por el camino, de vez en cuando el bosque se abre a tu derecha y puedes ver el río Petrohué... maravillossooooooo!!!! A pocos kilómetros de la entrada del parque (muy bien señalizado) está el acceso a los saltos, por la módica suma de $1.200 (pesos chilenos) puedes maravillarte con la naturaleza, ver los saltos, recorrer los senderos que se adentran en el bosque y observar, observar y no cansarte de observar.... descubrir árboles caídos que siguen con vida, riachuelos y pozas turquesa.... Mi recomendación es ir en la mañana, ya que el sol hace que el agua que pasa bajo el puente de la entrada se vea turquesa (nos dimos cuenta de esto cuando salimos, a eso de las 2 de la tarde, el agua ya no se veía de ese color), caminas un par de metros y el ruido se delata, ya estás ahí, viendo como el agua corre y cae violentamente entre las rocas. Hay un pequeño tur que por 10 mil pesos te lleva en una embarcación por el río hasta el mismo lugar de los saltos... (fuera del presupuesto del viaje, asi que para la otra). Cuando logramos salir de la hipnosis de mirar el agua caer, deshicimos parte del camino para recorrer los demás senderos. El parque, además de la vista de los saltos tiene dos senderos más, que se adentran por el bosque y te llevan a la orilla del rio, a una pequeña laguna o subiendo y bajando para ver las formaciones rocosas y como el bosque se va desarrollando. Es un poco difícil de explicar, al mezcla de verde y café a través de los rayos del sol de la mañana.... único. Para terminar el dia fuimos a conocer el Lago Todos los Santos (a unos 6 km de los saltos), donde puedes tomar una embarcación a Peulla (eso es al otro lado del lago), dicen que es precioso, lástima que por tiempo no pudimos ir, bueno, será para otra oportunidad.
Almuerzo en el camino, una copa de vino y unos quesitos...mmm.. y de vuelta a Puerto Varas para pasar la noche en el hostal Carla Minte (BBB 100% recomendado!)
Ultimo dia, otra vez a levantarse temprano, tomar desayuno y arriba de la van otra vez, pero ahora ya vamos de vuelta a Punta Arenas, para tomar el avión que nos llevará a Santiago (muuuy a nuestro pesar).
De vuelta pasamos a la Cueva del Milodón (se formó por el movimiento de glaciares y se llama así porque encontraron huesos de milodón en ella, también ahí hacen un festival de cine), simpátic ala cueva, igual vale la pena verla, además se ve todo el paisaje tipico de la patagonia
Después pasamos por Puerto Natales, pero como era domingo en la tarde estaba todo cerrado, compré un magneto y nos fuimos.
Son las 04:15 de la madrugada cuando suena el despertador “¿Quién se levanta primero?”, menos mal el Flaco se apiadó (además de verdad que a él le tocaba), salió de la cama y fue hacia el baño. Igual me levanté a medias, fui a la cocina y prendí la cafetera, para después volver a dormitar a la cama. Creo que ha sido una de las veces que menos tiempo nos hemos demorado en el ritual de levantarse, tomar desayuno y estar listos para partir.
El taxi llegó puntuala las 04:45, agarramos nuestros bolsos y bajamos... “..ay! se me queda la parka!!”, así que mientras el flaco subía los bolsos al taxi, yo corrí al depto a buscar la parka, imposible ir a la patagonia sin parka. Nos subimos al taxi, éramos casi los únicos en la calle a esa hora, nos bajamos en el aeropuerto,nos chequeaMos, dejamos nuestro equipaje y esperamos la llamada. Siempre tenemos la suerte de tomar vuelos temprano, que salen antes de las 7 y no alcanzamos a comprar café en el starbucks... buuu.
Embarcamos y salimos a la hora (06:40) en nuestro vuelo hacia Punta Arenas, con parada en Puerto Montt. No fue tan malo eso de la parada en Puerto Montt,lo terrible es que cuando partes de Santiago te dan, en el avión, algún líquido (agua, bebida, café, etc) con el famoso “snack” que consiste en una cajita infeliz que trae un mini alfajor de chocolate, unas galletas de limón y unas galletas saladas de trigo, después cuando continúas el trayecto te vuelven a dar el famoso snack... arrggggg, yo creo que te podrían dar un tapadito, porque a esa hora de la madrugada da hambre...
Siguiendo con el viaje, llegamos a Punta Arenas a medio día, ahí se supone que nos estaba esperando la gente del Patagonia Camp para llevarnos a dar una vuela por Punta Arenas, a almorzar y de ahí al Camp. Bueno, parece que estaban esperando a todos menos a nosotros, porque tuvimos que recorrer el estacionamiento buscándolos hasta que los encontramos acomodando en las vans al resto de los pasajeros... punto en contra y nota para ellos: Jamás dejar la salida de los vuelos hasta haber hecho contacto con todos los pasajeros. Apuesto a que si no los hubiésemos encontrado no se habrían dado cuenta que faltábamos.
Nuestra pasada por Punta Arenas fue breve, menos mal, no me malentiendan, pero no había mucho atractivo y lo mejor era partir cuanto antes a nuestro destino final. En fin, almorzamos en un restorán llamado Puerto Viejo, que en realidad es nuevo, nos gustó, estaba bastante bueno y los precios razonables (razonables para santiaguinos que pueden pagar un fin de semana en el Patagonia Camp...jajajja).
Después de almorzar emprendimos el laaaaargo camino hacia el Lago Toro, que es donde nos quedamos. El paisaje en el camino, a pesar de la llovizna era increíble.
Llegamos cuando ya estaba oscuro, después de registrarnos, fuimos a nuestro yurt (así se llaman las habitaciones, es por el tipo de construcción), que hermosura, daban ganas de quedarse a vivir, estaba calentito, muy bien iluminado, una cama king, habían batas colgadas en el baño... oohh... un sueño. Hicimos reconocimiento del lugar, tomamos un par de fotos de las vistas nocturnas, dimos el respectivo salto a la cama y volvimos a la recepción, para la reunión de introducción, donde se planea la salida del día siguiente.
Entramos al lugar (Que era circular) y genial! Nos estaban esperando con tablitas de queso y frutas... nada mejor después de horas de viaje, nos dieron un pisco sour casero y comenzó la exposición de nuestra anfitriona. Después de preguntar, pelear, rogar y amenazar (no tanto, pero lo habríamos hecho), acordamos que iríamos al día siguiente hasta la base de las torres, que era un paseo no programado, pero con lo que uno paga por ir ahí, más vale que te lleven a donde se te ocurra.
Después de la bienvenida y el pisco sour, pasamos al lounge (comedor) para la cena..mmm... había sopa de choclo verdadero, chupe de centolla de entrada, salmón con un puré con algo verde de plato de fondo y un postre que no se bien qué era pero que estaba muy rico, todo acompañado pro supuesto de un buen tinto. Después de comer a la cama, a dormir, porque al día siguiente hay que madrugar (saliendo 7:30)
Nuestra meta este día era ir hasta Queilén (que se veía muy lindo en las fotos) y volver después a Chonchi y quedarnos ahí a pasar la noche. Por supuesto que había un par de terrenos en el camino que nos interesaba conocer o por lo menos reconocer.
Ese día empezó súper temprano (para variar en nuestros viajes), creo que el despertador sonó a las 8:30, ducha y a tomar desayuno. Bien pobre el desayuno y cómo extrañé mi café de grano en la mañana... Si alguien me pregunta sobre la Hostería de Castro no podría mentirles, tendría que decirles que aunque tienen una parte nueva, remodelada y con piezas más grandes (y muuuuucho más caras por cierto), salvo la piscina temperada, el lugar es deprimente, me recuerda esos hoteles de balneario pobre, que tratan de aparentar sofisticación, para la próxima prefiero buscar un buen hostel.
En fin, terminado el desayuno, lavarse los dientes, guardar las cosas en el bolso, pagar y partir, vamos aún más hacia el sur, hacia Queilén, no sabemos que hay allá, en el trayecto nos metemos por caminos de tierra para ir a ver terrenos y conocer más el lugar, campos con vacas, ovejas y cerdos, todo enmarcado en el verde brillante de la vegetación del lugar. Nos metimos hacia Teupa, ahí encontramos lindos miradores arruinado completamente por las jaulas de los cultivos, era una lástima porque el lugar en general estaba súper lindo y había un par de sitios en venta que encontramos por internet.
Deshicimos nuestro camino para retomar la carretera hacia Queilén, ahí hicimos lo imposible para llegar al lago Tarahuín.. que difícil, definitivamente falta señalización, claro que el llegar nos dimos cuenta que no era necesario, el camino que nos indicaron daba a una oficina de cultivos en el lago, miramos, todo lindo, todo verde, se nota que el hombre no lo ha tocado mucho (salvo el agua, que estaba llena de jaulas en esa parte), encontramos también la entrada al Parque Tarahuín, que de parque nada, porque es un condominio cerrado que da al lago, no había nadie en la entrada y no pudimos pasar a mirar...buuuu. Lo que sí vimos fue una linda laguna, que se ve desde la carretera (camino de acceso desconocido), ahí se nota que no hay nada, también hay un terreno a la venta... nos parece muuuy interesante el lugar, no sé,a lo mejor, habrá que ver.
Después de mirar un buen rato como un par de w... la laguna, nos subimos al auto y seguimos el camino, después de varios minutos llegamos definitivamente a Queilén, ¡Que lugar tan bonito! Y tan desaprovechado, es como un pequeño caserío, pero grande, con hartas casas y hartos minisuper, tantos que te hace pensar como sobrevivirán, si no hay tanta gente. Tomamos el camino que pasa por la plaza y seguimos por la calle de los minisuper hasta llegar al muelle, dejamos el auto estacionado y vamos a dar una vuelta, para variar no vemos mucha gente, escuchamos música y vamos a mirar si hay un grupo tocando, desilusión, es un CD. Ahí estaban también nuestros amigos de las bicis (los que habían invadido el bar de la hostería), bueno, en realidad estaban sus bicis, de los tipos ni señales. Damos una vuelta, la playa es extensa, grande, limpia y de aguas cristalinas, no hay casa del lado del mar por lo que el paseo peatonal es genial. Vimos el muelle, tomamos las respectivas fotos, visitamos los dos puestos de artesanías que estaban abiertos y nos dio hambre.... vimos que en una de las casa que daban a la costanera había un letrero de restorán, pero ante la duda y el desconocimiento preferimos que algún ciudadano local nos orientara. “.. MM...a ver... ese de ahí no se los recomiendo, no es de bien, ahí van los pescadores...” no decía una señora en el puesto de artesanía “... en la plaza está el hotel plaza, ahí tienen un restorán, es bien limpio...” Hacía hambre, así que fuimos a la plaza a buscar el “recomendado” hotel.
Se nota que la plaza es como nueva, vimos la iglesia (linda como todas) y frente a ella, cruzando al plaza notamos una construcción grande y bonita –ese debe ser el hotel- y fuimos a mirar, al acercarnos vimos que no era el hotel, sino la casa de alguien (no se para el resto del país, pero para la gente de la zona central es raro encontrar una casa frente a la plaza). Al lado de la deslumbrante casa estaba el “hotel”, que de hotel nada, era una construcción vieja, descolorida y que crujía por todas partes, pero se veía limpio, preguntamos que había de almuerzo (no se les ocurra pensar que hay una carta..jajajaja), no sonaba mal así que pedimos y almorzamos ahí. Comimos, pagamos y dimos las gracias, al salir caminamos un poco para bajar el almuerzo, vimos más playas limpias y aguas cristalinas, del lado este se alcanza a ver perfectamente la cordillera y un volcán, que no se cuál es y no lo voy a inventar.
En fin, Queilén en un bonito lugar, aunque todavía no está desarrollado, no sabemos como será en verano, pero en invierno es par air a conocerlo, sobre todo si el día está bonito, ver el contraste del agua cristalina con los cerros verdes llenos de vegetación..ahaahhh!, pero ojo que si quieres comer allá mejor te llevas algo o bien, vas al restorán del barco que queda en el camino (creo que se llama luna algo, pero parece un barco que encalló arriba del cerro), antes de llegar y que obviamente no vimos.. buuu
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No habiendo nada más que ver, que nosotros supiéramos, nos fuimos a Chonchi, o sea, nos devolvimos por la misma carretera, esta vez sin meternos en caminos de tierra desconocidos, hasta que llegamos al hostal elegido, preguntando obviamente porque Chonchi no está en el mapa de nuestro GPS (bien inculto el aparato, porque Chonchi no fue fundado ayer). Que lindo es el Viejo Chalet, es una lástima que lo tengan tan descuidado. Esta propiedad siempre nos gustó, desde la primera vez que empezamos a mirar casas yterrenos en Chiloé y dimos con ella. El terreno es grande y da en un extremo con el muelle, además tiene orilla de playa y una de las pocas vistas sin jaulas que encontramos en nuestro viaje hasta ahora. Ahí conocimos a Teresa, la dueña, quién heredó la casa de su padre (quién a su vez la construyó en 1935). Teresa es un encanto, nos dio licor de oro para que lo probáramos.... mmmm... salud! lo fabrica ella misma.
En la tardecita dimos un paseo por el pueblo, me gustó la iglesia, el contraste del azul con el amarillo... la plaza era bien extraña, sin árboles, puro cemento, no había donde sentarse, en fin rara (después supimos del show que había sido el diseño de esta nueva plaza que a nadie la había gustado y encontramos fotos de la antigua... lejos más bonita), dimos un par de vueltas, compramos chocolates y cerveza, nos tomamos algo en unos locales que quedan sobre le mercado de artesanías (que estaba cerrado) y volvimos al hostal.
Nos tomamos nuestras cervezas frente a la chimenea, conversamos un rato con Teresa, quién nos contó que estaba vendiendo el terreno, que estaba aburrida y que se quería ir a vivir a Santiago, al final logramos sacarle el precio: 2 mil millones de pesos por las 13 hectáreas, mas la casa y las cabañas a puertas cerradas...ufff..... como mucho no?.
Dormimos como reyes y eso que las camas no eran nada de modernas. Nos gustó el hostal, pero coincidimos en que no era lo que buscábamos, además había que meterle harta plata para remodelarlo, porque varias instalaciones tenían sus buenos años, por ejemplo no pude cargar mi computador porque los tomacorriente no tenían toma de tierra (eran para enchufes de dos patas).. en fin, era lindo, era viejo y no era para lo nuestro.
Balance del día: Queilén tiene mucho potencial, deberían aprovecharlo, el terrenito en la laguna cerca del lago Tarahuín nos gustó, hay que analizarlo más. Chonchi es pintoresco, pero chico, hay que ir en verano a ver que onda. No compraremos, aunque tengamos la plata el antiguo chalet.